Éste -el español- es un Estado policial puro y duro, llámese dictadura o democracia es el título que estimamos debería haber llevado el clarificador artículo de Lander GALLASTEGI "ARATZ" que EGIN publicó en su sección kolaborazioak en la página 11 de su nº del 10 de mayo de 1998 bajo el título Puro y duro.


      Este es el texto del artículo:

      Era una preciosa mañana de domingo. Un amigo solía decir que todos nos acostamos con la esperanza de despertarnos con una mañana soleada. Era esa esperanza convertida en realidad. Pero además había otro motivo para el optimismo, para la alegría. Habían soltado a Alberto y se le hacía el "Ongi etorri". Su ama, persona generosa y valiente donde las haya, quedaba en la cárcel.

      La habían torturado delante de su hijo. EGIN describió en su día este hecho cruel y macabro. Lo recorté, y con mi tarjeta personal grapada, se lo envié a Ardanza. Anotaba en la tarjeta: "Por si no se había enterado". No quería que estos personajes de sillones mañana puedan lavarse las manos ante la historia con un "no sabíamos", como los alemanes ante las atrocidades nazis.

      Pero Ardanza sigue ciego a los crímenes de Estado. Llama "cínicos" a los que se manifiestan en protesta, y él, en cambio, jamás ha tenido reparos en manifestarse con los torturadores y asesinos que nos gobiernan.

      Ya había comenzado el festival cuando llegué a Santa María de Getxo. Ni una nube en el cielo, aunque el panorama no era tan risueño a nivel de calle: había varias furgonas de la Policía (autonómica) aparcadas cerca. Pensé: habrá algún bodorrio en la Iglesia, con presencia de algún personaje, y la Policía estaría por si a alguien se le ocurriera homenajearles con algo más que confetis.

      Entre la gente, en el ongi etorri había padres de presos y muchos niños con sus madres y abuelos. Hubo txalos para los dantzaris, bertsolaris... y numerosos regalos. Para finalizar, la presentadora anunció que iríamos andando hasta la taberna de Gestoras, a algo más de un kilómetro, donde nos esperaban unos pinchos. Los txistularis y dulzaineros se pusieron junto a la pancarta de bienvenida y echamos a andar.

      Yo llevaba a Andutz, mi nieto de dos años, en brazos, y le comentaba las cosas ricas que iba a poder comer y beber. Apenas habíamos andado veinte metros cuando se paró la música y la marcha. Desde atrás miramos, y se veía a la Policía (autonómica) cerrando el paso. pensé que estarían pidiendo que se dejara libre media calzada o algo así, y seguí charlando con Andutz. De repente oigo gritos y disparos. En segundos estábamos rodeados de policías encapuchados que disparaban y apaleaban a la gente. No me lo podía creer. No salía de mi asombro, que a tal expresión de alegría se la considerara peligrosa ¿para la sociedad?. Que cualquier persona medianamente equilibrada fuera capaz de dar la orden de cargar contra la gente y de disparar sus escopetas a corta distancia. "¡Salvajes! ¡Bárbaros! ¡Incivilizados!", les gritaba con toda mi alma. ¡Están locos, pensaba, o drogados!

      Protegía a mi nieto como podía. Venía a mi mente la imagen de un ertzaina, pocos meses antes, poniendo su escopeta, y manteniéndola, a diez centímetros de la frente de una jovencita que había cometido el gravísimo delito de querer abrazar a su primo esposado según le llevaban detenido. No podía arriesgar a mi nieto ante semejantes individuos y me llevé a Adutz tras un cercano árbol.

      A pocos metros apaleaban a un hombre en el suelo, y a los que se acercaban a protestar. La madre de un preso rodaba por el suelo. A otra ama la llevaban detenida al furgón. Seguían los disparos. Los numerosos vecinos del barrio, que por ser día festivo paseaban por allí, estaban atónitos, aterrorizados.

      Conseguí entregar mi nieto a su ama y me acerqué al furgón para pedir explicaciones. No oían... Les comenté que actuaban igual que aquellos guardias de asalto de la república, los notorios "pichis", que se especializaban en apalear a las emakumes. Estos no se daban por enterados y se retiraban, disparándonos según lo hacían.

      Después de las vejaciones y trato criminal que parece ser la costumbre para con cualquier detenido, a la tarde soltaron a Mari Carmen, la ama de un preso.

      Hace unos días le llegó la petición de 3 meses de arresto mayor y multa de 300.000 pesetas. Había cometido el terrible delito de haber acudido a una fiesta de bienvenida, de llevar un cartel con la foto de su hijo preso, de ofrecerse a identificarse y querer hablar con un mando, de ofrecerse para que la detuvieran a ella en vez de aun joven al que querían detener, de ir detenida sin ofrecer la más mínima resistencia.

      A otro de los detenidos le piden 18 meses de prisión; y a otro detenido un total de 36 meses de prisión y 696.000 pesetas. A éste le acusan de "atentado". Y me acuerdo que Sabino Arana decía que "¿quién no levantaría la mano al ver golpeada a su madre?". Y pienso ¿y si se ve golpeada a la madre de un preso? ¿Qué diría Arana Goiri de este Policía de este Partido "Nacionalista" Vasco que dice ser el fundado por Sabino?

      Si me he extendido en describir lo ocurrido aquel domingo de ahora hace dos años ha sido para que nos diéramos cuenta de la mentalidad de los guardianes del orden, pero muy en especial la de sus mandos, y más aún la de sus dirigentes y responsables políticos. Que pueda ocurrir semejante escena dantesca, tal agresión en una fiesta más pacífica imposible, sólo tiene una explicación: que aquí se trata de imponer la "ley" de la policía, una ley que da plena libertad para avasallar, aterrorizar a todo lo que no huela a su gusto. Que esto viene a ser un Estado policial puro y duro.

      ¿O no lo es que Mayor Oreja anuncie que lo importante no es que los jóvenes que detienen las diferentes policías sean culpables o no, que lo importante es que se detenga a jóvenes? Vale que decida la Policía. Así se detiene a 25 y se encarcela (hay que justificar algo) a 3. Pero ya se les ha aterrorizado durante 3 días a los 25 y sus familiares.

      ¿O no lo es donde basta el testimonio de la Policía para encarcelar a jóvenes que cuentan con testigos que testifican haber estado haciendo escalada en la otra punta del Estado?

      ¿O no lo es donde se puede disparar a corta distancia a una Rosa Zarra y aquí no pasa nada?

      ¿O no lo es donde se tortura a detenidos y los jueces hacen oídos sordos, se hacen los ciegos ante la evidencia?

      ¿O no lo es donde las peticiones de "habeas corpus" sólo se respetan cuando van acompañadas del "rigor mortis", como con Joseba Arregi y Gurutze Iantzi?

      Podría seguir y seguir, y sin duda hay lectores que podrían contar hechos y que no se atreven. Podríamos hablar también de Lasa y Zabala, de Anuk, de Basajaun...

      Pero para terminar vuelvo a lo de Getxo. En el intervalo entre su detención y la multa, Mari Carmen, con su marido y padres, sufrieron un gravísimo accidente en viaje a visitar a su hijo preso. Murió su ama y los demás sufrieron gravísimas lesiones. Y ahora las autoridades, responsables de esa muerte y lesiones por incumplir sus propias leyes, persiguen a la víctima. Le piden cárcel y multa cínicamente por cometer la tremenda ilegalidad de festejar pacíficamente la puesta en libertad de un amigo...

      Antes se decía que se cometían estas barbaridades porque vivíamos en una dictadura. Ahora, en lo que llaman "democracia", siguen los mismos atropellos salvajes. Algo no ha cambiado. No ha cambiado que éste es un Estado policial puro y duro, llámese dictadura o democracia.

      Si se tiene dudas, que se visite la sede de HB en Gasteiz, escuchen a los políticos hispanos sobre este tema, o a la recién detenida en Sevilla, Maite Pedrosa, que ha perdido once kilos en los cinco días que ha estado en manos de la Policía.

      Lander GALLÁSTEGI "ARATZ"

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